viernes, 25 de mayo de 2018

Variedad y versatilidad de la Arepa Venezolana

Arepas Corianas Foto: Fernando Acosta



Un tema para compartir....


Arepa rellena con carne y queso de cabra Foto: Fernando Acosta



Variedad y versatilidad de la arepa venezolana
Licda. Ana María Montero Navarro. Esp/MSc

            En Venezuela se solía decir, y ha quedado registrado en versos y canciones, que todo niño nacía con la arepa bajo el brazo. Lo que popularmente denominamos “tres golpes”: el desayuno, el almuerzo o la cena eran inconcebibles sin este pan de maíz blanco, redondo como la luna y delgado como un disco. Su tamaño y grosor, dependiendo del lugar donde se elaborara, no era lo determinante, sino su presencia en la mesa.

De la arepa, areppa o erepa se ha escrito desde el arribo del conquistador español a este territorio, especialmente al norte del país, de este a oeste. No tanto al sur, donde la presencia del cazabe, elaborado con yuca amarga (Manihot esculenta) era fundamental, pero ambos panes han coexistido en este territorio: uno como aporte de la cultura de las familias Arawak y Taína y la otra como aporte de las culturas amazónicas Caribes, que habían avanzado en ocupar esos territorios y cuyo nombre perdura hasta el presente gracias al mar antillano que al norte nos bordea: el mar Caribe.

Se elaboraba una vez cocido el maíz con ceniza, conchas de mar trituradas o cal para facilitar la ruptura de la corteza del grano duro y ahumado, proceso este último que permitía se conservara del ataque de insectos. A esa forma de cocción con hidróxido de calcio (que también se realiza en gran parte de la región andina y antillana) se le denomina en el país “pelar maíz”. Otra forma de preparación del maíz, principalmente en el oriente, era triturándolo con arena,  lo que se denomina “Pilar”. De esta forma en Venezuela aún se consume arepa “pelada” o “pilada”, según la región: al oriente o al occidente del país. Cuando el maíz es cosechado maduro, también permite la elaboración de otro tipo de arepa: la jojota (que quiere decir de maíz fresco)

Tras esa operación el maíz era molido o triturado en metates, amasado y cocido en restos de tinajas o budares: plato llano elaborado en arcilla, al cual se le “curaba” untando su superficie con grasa animal para permitir tostar la arepa y luego colocarlas al rescoldo del fuego, a manera de horno abierto, para su cocción final.

La arepa es de  maíz fundamentalmente, mas en ocasiones críticas (veranos o lluvias prolongadas) otros frutos o raíces harinosas podían suplirla, aun cuando se  seguía denominando con ese nombre al pan elaborado de forma semejante: a manera de un disco de masa. Raíces como de una especie de yuca que nuestros ancestros denominaban Sesiba, pero que al parecer se ha extinguido o se conoce con otro nombre y no ha sido posible identificarla, producía una harina fina que permitía elaborarla. Igual se elaboraba con la harina que extraían de las semillas del fruto en un árbol de zonas áridas como El Taque (Geoffroea spinosa)  o de la raíz de la enea seca (Typha latifolia)  planta acuática que podía extraerse de los lechos de ríos o arroyuelos en temporadas de sequía. También se elabora con harina extraída de la yuca dulce (Manihot aipi)

El arribo europeo a la región no pudo desplazar esta modalidad de pan ante la inclemencia del clima para la producción y conservación del trigo, la cebada u otro cereal original de zonas frías o templadas. Solo en la zona andina venezolana pudo cultivarse, y en muy pequeña escala, el trigo con el cual se empezó a elaborar la arepa andina: un disco de masa cocida de esta harina, como luego se empezó a elaborar la arepa de plátano, de igual forma, en la zona sur del lago de Maracaibo. Por tal razón, pese a detestar el sabor insípido y áspero de la arepa de maíz, en especial cuando se enfría y endurece, no le quedó al europeo más que acostumbrar su gusto a este alimento, lo cual le llevo a descubrir formas para poder consumirla con mas gusto. Se sustituyó el budare de barro por uno de hierro, para hacerlo más duradero y manejable y acompañarla con guisos o frituras.  Sobre la arepa Galeotto Cey, Florentino (Hoy región de Italia) quien arribó a esta tierra en ese entonces escribió: “… hacen  un pan que denominaban “areppa” o arepa, la cual cuecen sobre cazuelas de barro”, en Lovera. 1995:103. Calificándola de insípida y áspera, en especial se era consumida fría. Pero se descubrió que esa insipidez era precisamente el elemento que permitía que se adaptara a los otros sabores, resaltándolos.

La arepa en la actualidad se consume “viuda”, sin otro sabor que la sal que le da cuerpo, elemento que no era contenido originalmente. Los indígenas no usaban sal directa en el alimento. Solo succionaban un trozo del mineral durante la ingesta. Pero la forma más común de consumirla es rellena o como acompañante de carnes, aves, pescados, huevos, quesos (enteros o rallados) embutidos, ensaladas o en sopas o hervidos bien sea picadas, desmenuzadas o simplemente mordiéndola entre cucharadas.

Hasta 1960, la elaboración de la arepa era integral en los hogares: se compraba el maíz en grano y en casa se cocía, se molía, amasaba y luego se elaboraba y cocinaba la arepa para las comidas. Era un proceso diario y madrugador para atender los “tres golpes”. Básicamente se cocía con leños en fogones para ese fin. Luego, y hacia principios de 1940, se incorporó la cocina que funcionaba con querosén, empezándose a sustituir el fogón de leña. Los equipos o instrumentos de ayuda culinaria empezaron a llegar: molinos manuales que sustituyeron la piedra de moler y amasar.  Posteriormente se fueron incorporado molinos los eléctricos, aun cuando no totalmente, y las estufas con hornos incorporados, así como la batea de madera o la piedra de amasar (metate) que fue sustituida por envases metálicos, de plástico o superficies lisas de cerámica.

Más, el mayor cambio que se suscita a partir de esa época(1960) es la aparición de la harina de maíz pre cocida. Producto una labor de investigación y desarrollo del Ingeniero Luis Caballero Mejías, este destacado venezolano, registró la patente en 1954 e intentó desarrollar su invención bajo la marca “Harina de Maíz La Arepera” , pero ante problemas de salud se ve obligado a vender su idea a un grupo de inversionistas, también venezolanos, la familia Mendoza, dueñas de la empresa Polar, quienes proceden a incursionar con el producto  el cual mejoran gracias a un maestro cervecero de origen checo, Carlos Roubicek, quien logró producir la harina de maíz precocida tal cual la conocemos hasta el presente, siguiendo el modelo que se utilizaba para preparar las hojuelas en la elaboración de cerveza.

Pese a que se requirió de una buena campaña publicitaria para hacer cambiar ese patrón de conducta milenario para la elaboración de la arepa en la cultura nacional. El efecto se logra gracias al uso de los medios de comunicación de entonces (Prensa, Radio y TV) bajo el eslogan de “Se acabó la piladera” fue inmediato.  La propuesta del producto fue un éxito gracias a la practicidad que brindaba el producto al facilitar la elaboración de la arepa, al punto que refiere Miro Popic (2013) que solo el primer día de su puesta a la venta se vendieron 5.800 kilos del producto: un 10 de diciembre de 1960. Oportuna también esa oferta para elaborar la masa de las también tradicionales hallacas de nochebuena y fin de año. Su creador había fallecido un año antes, en 1959.

Hay que indicar que en ese entonces, se está produciendo en el país una alta participación de la mujer en el campo de trabajo y este aporte le facilita la labor domestica de la cual aún no se ha podido separar. Adicional a ello, la aparición de la cocina que funciona con gas, permite se acelere el tiempo de cocción de los alimentos, así como la extensión de la red eléctrica a todas las ciudades del país permite la incorporación de las neveras y el uso de otros instrumentos de cocina: licuadoras, batidoras e inclusive se inventan equipos para el amasado y la cocción más rápida del producto pre cocido: el tosty-arepas: budare  eléctrico que sustituye, aun cuando no plenamente, al ya tradicional de hierro.

Surgen, a partir de entonces y en todo el país, las areperas. Negocios para la venta rápida de este producto relleno en ciudades,  pueblos, carreteras o sitios de distracción. Las arepas, ya de un tamaño más uniforme (10 a 12 cm de circunferencia y 1 ½ de grosor, rellenas y acompañadas con café, jugos naturales fríos; bebidas gaseosas o embotelladas, ofrecen este alimento a trabajadores, viajeros o visitantes. Las arepas, según el relleno y la preparación de la masa, recibe nombres, en especial en la zona central del país: así aparece la “reina pepeada”, la “pabellón”, la “pelada coriana” o  la “levantamuertos”, la “peluda”, la “catira”, entre otras.

Aun cuando en otros regímenes de conducta socialista como China, cuyo gobierno desmontó la política nacionalizadora de empresas, especialmente de aquellas que les producían perdidas procediendo a privatizarlas, en Venezuela el gobierno ha aplicado el esquema que hizo hundir a la cortina de hierro y a la antigua Unión Soviética, donde no fue posible el cumplimiento de los famosos planes quinquenales, principalmente por la falta de interés, conocimiento y apropiación de los designados como gerentes de esas organizaciones y también de la motivación de los trabajadores quienes solo se encargaban de producir los bienes o productos pero no siempre recibían beneficios de ellos, haciendo se tornen improductivas dichas empresas.

Actualmente,  más de una docena de empresas procesadoras de la harina de maíz han desaparecido del mercado una vez asumidas por el Estado. Al igual que los fundos de cultivo de maíz blanco, el tradicional, que proveían la materia prima para elaborar esta harina y que abastecían al país de su producto bandera, inclusive hasta el año 2006. A partir de ese año la producción bajo en más de un 60%, requiriéndose importar. Eso, más el cierre o quiebre de otras empresas por igual causa o por falta de medios para adquirir insumos para la producción ha generado la alta tasa de desempleo, inseguridad y carencias, que sufre el país. Solo la empresa Polar, tal vez hasta por temor, no ha sido absorbida pese a la presión del gobierno, pero su producción no cubre –y nunca lo ha hecho- la demanda nacional.

Esa y otras acciones han llevado a la crisis política, económica y social que afecta al país originando una alta migración a otros pueblos, que han trasladado también ese elemento de profunda raíz cultural. Hoy, efecto también de la empresa Polar, que hace varios años estableció una planta procesadora de maíz en Colombia y se nutre de la producción de ese país, exporta a otros continentes la harina de maíz procesada y con ella a la arepa, existiendo ya “areperas” en Europa, Asia, Australia y en ciudades de todo el continente americano del norte al sur, ofreciendo las mismas modalidades, y también nuevas incorporaciones, a la preparación que desarrollaban en Venezuela.

Para la mayoría de los venezolanos en este exilio no es preocupante no ubicar la harina de maíz precocida, lo que duele ahora, además de separarse de seres queridos, espacios, bienes o sueños, su mayor queja en las redes sociales sobre este particular, es no llevarse un budare, pero un buen sartén o una plancha metálica de cocina,  suple la ausencia para el tostado. Hoy se comparte este valor patrimonial con el resto del mundo que está siendo aceptado y valorado como una representación más de la creación humana en su devenir histórico.

La ventaja de la arepa cocida bajo la técnica del horneado que es el más tradicional aun cuando también puede freírse  como alimento de consumo rápido y sano, es su oferta de carbohidratos y proteínas que, acompañada de jugos o frutas naturales aportan una ingesta bastante completa.  La harina de maíz puede igualmente ser mezclada con queso, semillas de chía tostadas o quinua previamente lavada y cocida para enriquecerla y consumida de igual forma, bien “viuda” o rellena con el elemento que la persona desee.

Modalidad de presentación y elaboración de la arepa.
Arepa sencilla o “Viuda”:
1 taza de harina de maíz
¼ cucharadita de sal
2 tazas de agua preferiblemente tibia.
Preparación:
            Mezclar los ingredientes en un bol o taza mediana hasta compactar la masa pero que quede suave. De esta ración pueden salir dos y hasta tres arepas pequeñas, a las cuales se les da forma manualmente. Se colocar sobre una sartén a fuego vivo, untada previamente con aceite, bajar el fuego y tapar dejando dorar de un lado, luego voltear hasta dorar el otro lado de la arepa. Debe sonar hueca una vez cocida. Se consume caliente o tibia como sustituto del arroz, pasta u otro carbohidrato.

Arepa con queso:
A los ingredientes anteriores, agregar media taza de queso rallado de su preferencia y proceder a su preparación y cocción siguiendo la receta anterior.

Arepa con Quinua:
Lavar previamente media taza de quinua y colocarla al fuego en agua hasta ablandar. Dejar reposar un rato. Verter la quinua a la harina de maíz, sal y el resto del agua de forma que permita se haga una masa compacta y suave. Procediendo a la cocción en forma similar a lo descrito.

Arepa con Chía.
Verter a la harina y la sal, dos cucharadas colmadas de chía,  previamente tostadas, mezclar y agregar el agua hasta formar la masa. Se cocina de igual forma a lo descrito.

Preparaciones similares se pueden hacer agregando zanahorias, remolacha o apio (zanahoria blanca) ralladas o con espinacas licuadas o trituradas. También con frutas tales como bananos o manzanas ralladas, estas últimas con unas cucharadas de azúcar o papelón, vainilla o canela al gusto. Igualmente se puede aderezar la masa con orégano, perejil picadito o albahaca. Estas arepas se pueden consumir en el desayuno, con una bebida caliente o fría (leche, jugos o café)

Arepas Rellenas. Las carnes para el relleno deben ser mechadas, desmenuzadas o molidas y se recomiendan guisadas en agua y poca grasa. Aun cuando se pueden freír.
Con carne de res. Adobada con sal, orégano, cebolla picada, ajíes dulces y/o picantes, pimentón verde y rojo, ajo y salsa inglesa. Debe quedar lo más seco posible.

Con carne de pollo mechado. Guisado con sal, pimienta, cebolla, culantro, pimentón verde, rojo o amarillo, ajo y onoto, limón, mostaza.

Con atún desmenuzado. Guisado con sal, cebolla, limón, ajo y cebollas.

Con cazón. Guisado con sal, cebolla, limón, ajo, cebollas, pimentón, pimienta y onoto.

Con Camarones u otros frutos del mar. Previamente cocidos y preparados a la vinagreta. Adobados con cilantro, cebolla, pimienta y pimentón.

Con salchichas. Cocidas y cortadas en ruedas finas en salsa rosada: de tomate, mayonesa y una pizca de mostaza.

Con huevos. Revueltos con pimentón, tomates, cebolla, perejil y sal. También, cocidos y cortados en rodajas con tomate fresco y perejil picado.

Con queso de res o cabra duro o semiblando cortado en trozos pequeños y delgados. También rallado.

Con queso tipo Edam, Gouda u otra variedad, cortado o rallado.

Con tajadas de aguacate, tomate, lechuga y jamón.

Con ensalada cocida y finamente picada de zanahorias, papas, aguacate, tomate, aderezada con mayonesa y queso (Reina pepeada)

Con caraotas o frijoles negros, tajadas de plátano frito y carne. (Pabellón)

Con cerdo magro, frito y bien seco de grasa adobado con sal, onoto, curry y pimienta.

Con una mezcla de cualquiera de esos ingredientes, al gusto del comensal… para un buen almuerzo.



Referencias biblio – hemerográficas y digitales:
Alayon, Ángel. Mayo 27, 2016. El extraño caso de la desaparición del maíz blanco en Venezuela. En Prodavinci. Revista Electrónica.

------------------ Julio 30, 2014 La arepa en peligro de extinción (o la urgencia de un cambio de políticas).  Prodavinci. Revista  electrónica.

Hechos Criollos en Facebook. Mayo 16, 2017 a las 19:01 pm.

Lovera, José Rafael. 1995. Relación de viajes de Galeotto Cey 1539-1553:103 Biblioteca Nacional. Fundación Banco Venezolano de Crédito- Embajada de Italia. Edición especial para celebrar el V centenario del encuentro de dos mundos. Caracas.

Montero N. Ana María (2014) Las peladas, peladas… la coriana arepa pelá. Ponencia. Encuentro Fundación Bigott “Los panes en Venezuela, tradición y modernidad” Caracas. Vzla. 

Popic, Miro (2013) Comer en Venezuela. Del cazabi a la espuma de yuca. Miro Popic Editor. C.A. Caracas.
           

martes, 31 de enero de 2017

Un tema para compartir....

Musealizar el alimento 
Licda. Ana María Montero N. Esp/MSc
Fotografías: Museo Carmen Alto. (autora)


            Existe un importante número de Museos sobre determinados alimentos: Museos del Cacao en Bélgica y México, de la banana en California, museos gastronómicos en muchos países y hasta un museo para mostrar y homenajear los desastres culinarios en Massacchusetts, Estados Unidos. En Uruguay existe o existió el Museo Vivo de la Alimentación, dependiente de la Intendencia de Montevideo, que surgió como iniciativa de la Cámara Nacional Uruguaya de la Alimentación. Mas, tal vez uno de los más completos y activos es el Alimentarium, en Suiza, auspiciado y sostenido por la empresa Nestlé.

Lo que caracteriza a la mayoría de estos Museos es la explicación que ofrecen del proceso de producción de los alimentos y las formas de preparación de los mismos, el equipamiento utilizado para su elaboración y su historia que, para la industria turística y especialmente para el conocimiento local, es importante. Igualmente existen otros museos históricos o antropológicos que exponen temas relacionados, bien como parte de la exhibición general o como una exposición temporal.
Museo Carmen Alto. Quito Ecuador.


 Considerando la importancia de la alimentación para el ser humano, la manera como este se ha organizado para tomar del entorno donde se habita lo necesario para su vida y salud, abordarla desde las formas como se ha tomado y preparado el alimento, que no es igual, aun en un mismo país, es sumamente amplio y complejo. En estos tiempos cuando se están enfrentando situaciones derivadas de nuestro propio desarrollo y crecimiento, lo cual ha generado un acelerado cambio climático en el planeta que afectará todo nuestro existir en el futuro, obliga a repensar en cómo abordar este tema desde el museo como medio educativo no formal.

Joan Santacana, en un texto presentado en su blog sobre este tema propone que un museo sobre la alimentación debe abordarse tomando en consideración cinco ejes temáticos: cocinar, comer, comprar, conservar y digerir, a los cuales considero se debe iniciar con el cultivo y su impacto en el ser humano e igualmente sus efectos ambientales, que debe incluir los problemas generados por los excedentes como parte de la contaminación del ambiente y sus usos irracionales, así como las propuestas para enfrentar lo que acontezca. La alimentación, vista como eje trasversal, puede acercarnos más, dentro de nuestra cotidianidad, a entendernos mejor como seres vivos que integramos un ambiente complejo e interactuante y no como centro dominante de un medio al cual estamos destruyendo y a nosotros con él.

Musealizar el alimento como propuesta integral, dada la vieja concepción que tenemos del museo como compilador de objetos coleccionables e imperecederos puede chocar en la mente de muchos. En la actualidad el objeto museable es considerado más que objeto por si mismo, en un documento que aporta conocimientos, lo cual le asienta en el campo de la ciencia, que lleva a condicionar su estudio para la compresión de la muestra, su sentido, cambiando la perspectiva del museo-templo a museo-laboratorio. Implica un cambio en el concepto del museo. 

Museo Carmen Alto. Quito. Ecuador.

 
Analizar desde esta perspectiva cada tema concerniente con la alimentación como proceso natural y cultural, nos permitiría adentrarnos en la transdisciplinaridad de la ciencia, pues implica apreciar las relaciones que la cotidianidad nos impide ver con la biología, la química, la física, la economía, la antropología, la historia y demás, que nos explican los avances y retrocesos en el quehacer humano en todos los espacios terrestres donde se ha asentado, creado y, también, destruido.

Un museo de alimentación como refiere Santacana debe transmitir la idea que los humanos comemos de todo, que somos omnívoros: desde rocas como la sal, hasta secreciones rancias de glándulas mamarias como el queso; desde alimentos fermentados como el vino, a crudos como las frutas. Igualmente debe hacer entender y respetar el hecho de que mientras algunos pueblos consumen puercos o cerdos, otros lo abominan y que mientras unos celebran consumir los alimentos con las manos, otros no entienden porque no se usan los cubiertos. Que existen formalismos en unos países para tomar el té o el café, mientras en otros no.

Igualmente explicaría el proceso de la nutrición, que se lleva a efecto en el individuo luego de la alimentación, cuando el organismo busca los nutrientes en los alimentos consumidos para transformarlos en energía con lo cual logra sobrevivir y subsistir, concepto diferente al de alimentación que se refiere al proceso de consumir los alimentos que luego proveerán de nutrientes al organismo.
Fotografia de Fernando Acosta.

Comparto con el autor el que este tipo de museos no debe ser cronológico aun cuando en algunos aspectos esa visión no sea totalmente descartable, e incluir en su propuesta, el laborar con el mundo de las sensaciones: los olores, el gusto, el tacto, además de la vista y los sonidos. Que promueva nuevos hábitos alimenticios, de protección al ambiente, y el entendimiento y respeto de las culturas pues, al fin y al cabo, el proceso alimentario que ha generado el ser humano implica no solo el acto de consumo, sino todo un hecho social que le ha llevado a no solo a observar y crear instrumentos y utensilios para escoger y procesar los alimentos sino formas de integración e intercambio entre sus pares

Esta es una propuesta que bien debería ser respaldada por las empresas del sector agro-industrial como parte de su responsabilidad social y no depender únicamente de los entes gubernamentales. E igualmente, debe buscar una interacción permanente entre Investigadores y hacedores de la gastronomía y sus pares de las otras disciplinas y centros de investigación, universidades, de forma que se garantice su vigencia y actualización en el tiempo.


Referencia:
UN MUSEO DE LA ALIMENTACIÓN HUMANA. Por Joan Santacana



jueves, 19 de mayo de 2016

Un tema para compartir....

Reflexiones museológicas.
Licda. Ana María Montero Navarro. Esp/MSc

El texto en el museo: Su inclusión en la mirada

            En observaciones y estudios de público desarrollados en el Museo de Arte y Ciencias “José María Cruxent”, de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM) en Venezuela, se hizo notoria la poca importancia que suelen dar a los textos que acompañan la muestra los visitantes jóvenes y muchos adultos que solo se concentran en el objeto por pocos segundos y avanzan a las otras salas. Parte del problema radica en la poca atención que se suele prestar a este aspecto al momento de concebir la exposición, lo cual es grave.

            Los problemas que no solo se presentan en este Museo de la ciudad, sino igualmente en otros, son extremos: o mucho o poco texto para explicar el interés y contenidos de la muestra. Con fichas técnicas minúsculas donde solo se detallan el autor y/o las características físicas de la obra expuesta. Textos introductorios con más de cinco párrafos, de siete o más oraciones colocados en forma vertical, o piezas colocadas en forma tal que causan incomodidad en el visitante. O, sencillamente, una fotografía con alguna cita que poco se relaciona con lo expuesto.

            Tal hecho olvida que los museos se soportan en la relación patrimonio (tanto lo existente como lo creado) y sus visitantes que al visitarlos, tienen un conocimiento básico de lo que pueden encontrar allí por lo cual requieren, y muchos piden, información para establecer una relación con esos objetos patrimoniales que los lleve a reforzar o construir identidad (orgullo de conocer, ser y estar con algo que les exalta su lugar en ese espacio en donde se interconecta con el objeto expuesto) Tal hecho obliga a los museos a convertirse en una herramienta de transformación y construcción social de primer orden.

            Los estudios de público han determinado la importancia del diseño museográfico el cual debe tener aspectos lúdicos y educativos explícitos en contenidos. La muestra debe llevar a la controversia, a la discusión, plantear elementos subjetivos que conlleven a la discusión y a redefiniciones culturales que impliquen exponer los contextos actuales puestos en relación o contextos pasados e inclusive, con futuros. La idea es problematizar para generar controversias que conlleven a la concienciación.

            En este proceso, el papel que debe jugar el texto expositivo en ese diseño es fundamental como enlace idiomático o lingüístico, siendo la palabra  la base fundamental de toda comunicación humana. Con este objetivo la investigadora española Isabel Acosta Cabronero ha desarrollado este tema el cual fue expuesto en  https://issuu.com/musea-magazine/docs/musea_magazine_72. Y que resumo en este texto.

Para Acosta Cabronero, los textos expositivos deben estar determinados por:

1.      La localización. Ubicarlo estratégicamente para ser apreciado por el visitante
2.      La jerarquía gráfica. Que debe precisar los tipos de letras, tamaño, color y dibujos que soporten la información
3.      La visibilidad. Que ocupe un espacio sin ser interferido por los objetos expuestos, y debidamente iluminado y limpio.
4.      La Jerarquía de la información. Destacar en ellos lo relevante de la muestra con un diseño que grafique adecuadamente el contenido.
5.      La relación objeto-contenido. Asociado siempre a lo que se muestra.
6.      La accesibilidad. Que garantice la movilidad del visitante.

Esto es importante pues en ocasiones, por falta de espacio o por carencias económicas, se llega a extremos tales como colocar las fichas de identificación de los objetos agrupadas o alejadas de los mismos, lo cual desorienta al público. También pasa que, por destacar el objeto, sus textos se encuentran colocados de forma tal que no es posible acercarse para leer y obtener alguna explicación de lo que se presenta.

Se debe considerar siempre que los espacios expositivos se soportan ante el visitante en tres aspectos que comprende las siguientes etapas:

1.      Primaria. Es el primer contacto, básico. Con ello se busca atraer.  La persona mira. Por lo tanto lo que se muestra y presenta debe despertar la curiosidad ante el objeto y su relación con lo actual. ¿Qué es esto y para que puede servirme conocerlo?

Ejemplo 1: Exposición Raíces prehispánicas de la cocina falconiana.  Sala 1.
El dibujo visualiza lo que pudo ser una comunidad Caquetía en la región dando uso a los utensilios de cerámica (Ollas y platos) utilizados por los aborígenes para elaborar y servir sus alimentos. Museo J.M. Cruxent-UNEFM. 2013. El dibujo es el texto  referencial de los objetos que se exponen en la sala donde
                  se inicia el recorrido de la muestra.



                                       
                                                    Fotografía Fernando Acosta. Dibujo: Danny Medina



2.      Focalizar. La persona se detiene, observa, el objeto despierta a su curiosidad y aprecia el entorno del objeto. ¿Qué es este objeto?  ¿Cuál es su importancia? ¿Para qué me sirve conocerlo?  

Ejemplo 2: Un salto de tiempos: un budare prehispánico para elaborar la tradicional arepa o pan de maíz venezolano y el actual budare eléctrico que tiene la misma finalidad. El gráfico explica. Expo. Raíces prehispánica de la  cocina falconiana. Museo «JM. Cruxent» UNEFM 2013



 
                       
Fotografía: Fernando Acosta.



3.      Mantener la atención. El visitante lee, conoce y aprehende el mensaje.


Ejemplo 3. El montaje fotográfico que sigue ilustra el alimento que perdura en la cocina de la región falconiana, explicando en pequeños párrafos algunas preparaciones que se elaboran con el cereal. Una cita del relato escrito por Galeotto Cey, expedicionario de la época de la conquista del este territorio, da peso a la información que reporta la continuidad de un producto fuertemente arraigado a la culinaria venezolana.


  

                   Fotografías Fernando Acosta.   Diseño Gráfico: Ricardo Díaz  Borregales.


Alcanzar este nivel tiene sus exigencias. Se recomienda en una primera instancia una propuesta ergonómica, cómoda para la lectura, siguiendo la franja visual normal de los individuos a quienes va dirigida la muestra (adulto o infantil) Redactar un texto sencillo, directo, que siga la cultura lectora del visitante.

En nuestro caso, un texto horizontal escrito de izquierda a derecha, con un promedio de doce a catorce líneas donde se explicite un léxico adecuado, utilizando terminología técnica o científica, debidamente explicada en términos comunes, de forma que sea legible y entendible por el visitante. Se sugiere aplicar técnicas de estimulación lectora tales como expresar siempre en positivo el mensaje, emplear preguntas, citas, humor, establecer la relación del objeto de la muestra mediante  apoyos tales como paneles gráficos donde se vincule el objeto mediante dibujos y textos pequeños en su cotidianidad, además de mapas, fotografías, dibujos, videos o sonidos representando actividades de los seres u los objetos para vincularlo físicamente con su entorno y establecer relación con tiempos presentes para alcanzar el nivel que debe promover el museo: concienciar  a sus visitantes ante tópicos o temas de interés colectivo y actual.

Una guía didáctica acompañó la muestra, que fue el resultado del trabajo especial de grado para optar por el título de Magister Scientiarum en Museología en la UNEFM. Parte de dicho trabajo puede ser leído en este blog. La evaluación de la muestra, permitió comprobar la efectividad del trabajo de Acosta Cabronero, en cuanto al manejo de textos efectivos para integrarlos a la mirada de los visitantes.
             


sábado, 13 de febrero de 2016

Reflexiones museológicas. Licda. Ana María Montero Navarro. Esp/MSc


Sobre el patrimonio
La Escuela, los museos y los sitios patrimonio.

Los museos y los espacios de presentación del Patrimonio
constituyen factores esencialmente dedicados a la instrucción
de los ciudadanos de un país y su educación.
Santacana Mestre. 2005.

En muchas ocasiones hemos visto en las redes sociales protestas ante el derribo de los árboles de Cují (Prosotis julisflora) en una ciudad como Coro, Estado Falcón - Venezuela, donde este ser vivo es emblemático de una flora xerófita al punto de ser considerado el árbol símbolo de esa entidad federal. Este tipo de situaciones suele acontecer, fundamentalmente, por la ignorancia que tiene la dirigencia de las instancias que ejecutan tal acción así como muchos otros ciudadanos, de su significación. Hay que indicar que según la tradición o memoria oral,  la primera misa que se realiza en suelo continental se hizo bajo la sombra de un cují cuyo madero sobrevive en forma de cruz, en un monumento que se encuentra en la plaza aledaña a la iglesia de San Clemente, de esta ciudad.

Esa significación solo puede ser enseñada a través de dos formas: formal, en la escuela e informal, a través de los museos, parques o sitios monumentales. En la instancia formal, ya que fundamentándose en la enseñanza de la lectura-escritura y las matemáticas, se puede instruir dictando intereses y normando las conductas, mientras que a través del museo, el usuario que avanza a su propio ritmo, adecua lo que observa a su motivación e interés. Este aspecto, que generó en Europa desde finales el siglo XIX y especialmente tras la segunda guerra mundial grandes esfuerzos y movimientos para la defensa y reconocimiento de patrimonios que catapultan el sector turismo, se pierde paulatinamente a partir de la década de 1970, cuando por efecto de las grandes migraciones que se han producido desde Asia y África hacia ese continente, se cambia la función instructiva de la escuela priorizando la enseñanza de los valores para favorecer la integración. Más eso ha traído como efecto en la sociedad europea que se empiecen a desconocer elementos propios del patrimonio del viejo continente.

El problema, que no se vio entonces y sobre el que ahora se reflexiona, es que los valores son cambiantes, no son fijos, se adecuan a circunstancias que se dan en el tiempo. Los valores responden a la lógica bueno/malo o bonito/feo y eso depende de lo piense la sociedad en un momento dado, mientras que la instrucción por su parte se mueve en la lógica científica de lo verdadero/falso y tiene como objetivo transmitir saber, conocimientos y técnicas. En este sentido, el patrimonio como legado, es la suma de todo esto que se refleja en los hechos, obras y creaciones que va desarrollando y compartiendo un conglomerado humano dentro de un territorio, que luego se configura como región o país. Para que dicha sumatoria se convierta en Patrimonio, la misma debe ser reconocida por, al menos, un sector importante de su sociedad hasta constituirlo en un bien trascendente, en un activo económico, social y cultural  que produzca riqueza material, mental y espiritual a los colectivos que se asocien en torno a él.

Para apreciar el Patrimonio, bien sea de orden cultural o natural, como el caso de la preservación de los árboles de Cují que pueblan, junto a otros, el paisaje natural del norte venezolano, el mismo no solo debe ser contemplado, sino también interpretado y entendido para así poder ser disfrutado en todas sus vertientes  como ser vivo y de interés para los humanos, y es allí donde la escuela tiene una función importante que desarrollar. Para muchos educadores será absurdo este planteamiento, que es como volver atrás, pero para ser un país de conciencia se debe volver a la escuela instructora, como lo están pensando en Europa, especialmente ante las amenazas que hoy la acosan, pues se espera que estas instituciones –la escuela y el museo- hagan conocer al Patrimonio como portador de herencias civilizatorias, soportado en la ciencia que estudia al ser humano, su comportamiento, su conducta a través del tiempo y su relación e integración con los otros seres que pueblan el espacio terrestre. Con ello se aspira lograr el respeto que conllevará  el pensarlo, antes de cualquier amenaza que afecte de una forma u otra la propia existencia, como el cortar árboles y padecer luego el incremento de la temperatura ambiental, de una mayor radiación solar, cáncer de piel, problemas cardíacos, respiratorios, contaminación y otros males derivados de las acciones insensatas de deforestación.

Y ¿Cómo los museos pueden enseñar sobre el Patrimonio? No solo colocando objetos, que son su soporte, para que sean vistas por los usuarios o visitantes. Si éstos no son contextualizados y puestos en consideración como documentos que aportan un mensaje, un conocimiento que debe ser entendido y apreciado por los usuarios en una forma didáctica, no será posible. Ello es fundamental en una sociedad informatizada como la que vivimos, en la cual el saber y el conocimiento constituyen un activo importante, dinamizador, especialmente en el área económica, del turismo y la industria cultural.

La importancia de conocer los sitios patrimoniales y los museos radica en que, al ser espacios para la imaginación, permiten satisfacer un sueño muy humano como lo es el “viajar” en el tiempo, apreciar en estos espacios los proceso de adaptación y cambios que la humanidad ha dado, como también lo que nos puede deparar el futuro,  para alcanzar el confort y la salud, bases de la felicidad. La observación de la naturaleza para conocer sus procesos, dar respuestas a sus creencias y a la creación de objetos que conlleva al desarrollo de técnicas y conocimientos han sido fundamentales para que la humanidad alcance altos niveles de bienestar. Los objetos creados o tomados de la naturaleza nos permiten apreciar, en todas sus facetas, como ha sido el quehacer humano en su evolución –y también involución- como grupo o civilización y nos  su puede permitir, en estos tiempos, ejercitar los comportamientos de respeto y conservación de la vida misma,  una vez entendida, comprendida, reconocida y deleitada la exposición de dichos objetos que constituyen, igualmente, el rasgo referencial entre un museo y otro.

El estudio de los museos como espacio educativo,  ha estado vinculado desde sus orígenes a los procesos de enseñanza -  aprendizaje, como se ha podido apreciar en antiguas civilizaciones: Llasa. Mesopotamia (1000 a-C),  Ur. Imperio Babilonico (530 a. C); Alejandría. Egipto (339 a. C);  El Shosoin. Monasterio Todaiji, en Kioto – Japón. Siglo VIII d. C. o  El Museo Ashmolean, (1669 d. C)  de la Universidad de Oxford. Gran Bretaña. Creados atendiendo necesidades de las comunidades estudiantiles y científicas que hicieron y aun hacen vida en ellas como el Ashmolean,  como disciplina museográfica y ciencia Museológica, el museo ha desarrollado su propia dinámica y didáctica para exposiciones según los tipos de objetos, vivos o inertes, que coleccione: de ciencia natural, historia, arte, zoológicos, parques o jardines botánicos a los cuales el Instituto Latinoamericano de Museos (ILAM) agrupa, según sus colecciones de objetos, en Museos de Patrimonio Cultural, de Patrimonio Natural y aquellos que integran ambos patrimonios.  Adicionalmente, mediante la intra e interdisciplinaridad  de las ciencias, la investigación y los saberes, el apoyo de las tecnologías de la información y la comunicación y desde una perspectiva lúdica, los museos se integrarían, más aun en estos tiempos, a los procesos educativos de una sociedad para hacerla consciente de su origen, de su identidad, de su Patrimonio. Es a partir de allí donde se fundamentaran los principios básicos que serán los soportes de valores auténticos, que se correspondan a lo que se es y lo que se puede ser, en convivencia con otros seres vivos y con nosotros mismos como especie, que ha hecho y hace aportes significativos –positivos e igualmente errados- en el tiempo y en el espacio que ha ocupado en el planeta.

Conocer este fundamento  implica desarrollar una didáctica para la exposición de los objetos, que según Santacana Mestre (2005), cumplen las siguientes funciones, que aun cuando referidos al Patrimonio histórico son igualmente referentes para los demás Patrimonios:

·         Fijan la imagen del concepto.
·         Se transforman en elementos de referencia
·         Atraen la atención del público
·         Son enigmas para resolver
·         Permiten formular hipótesis y desarrollar métodos de análisis
·         Permiten desarrollar inducciones históricas
·         Contribuyen a desarrollar la imaginación
·         Su uso permite relaciones empáticas
·         Se tornan en instrumentos de inclusión
·         Permiten desarrollar aportes de los usuarios y visitantes
·         Son soportes de la memoria

Los objetos,  tal y como se aprecia, “están dotados … de una gran capacidad de sugerencias  (Sheinner,2001). Son representativos de un horizonte social concreto y como ya lo hemos apreciado, el objeto es un documento consecuencia del pensamiento humano, por lo tanto tiene un carácter  de uso, símbolo, significación y de comunicación. Mas es el conjunto de objetos lo que permite instruir sobre un tema y eso solo se logra mediante la exposición.

Función prioritaria del Museo y de los sitios de presentación del Patrimonio, bien sea productos de la creación humana o de su interés como la flora, la fauna y los recursos minerales, la exposición se puede definir como un  acto comunicativo en el cual se exhibe una determinada visión sobre un tema de estudio a partir del cual, la ciencia u otras disciplinas han generado unos saberes. Una exposición debe narrar o contar una o varias historias a través de los objetos que la forman como documentos aportantes de conocimiento, meritorios de una atención especial para asegurar su preservación en la continuidad de una sociedad o civilización para que ésta se reconozca en su patrimonio o herencia.

Una exposición entonces es el conjunto de objetos materiales que componen una unidad de contenidos, interpretada en el contexto físico, natural y/o social, cultural y económico de su tiempo, relacionándola por sus efectos con el presente. De esta forma, ese conocimiento puede ser comunicado a los usuarios para su saber y disfrute; mas, para alcanzar este objetivo se requiere desarrollar un proceso de investigación.

Planificar una exposición implica estudiar los objetos: cerámicos, fósiles, pinturas, textiles y todo lo que ella implique en cuanto a conceptos de “cómo eran o como fue”  bien sean de origen natural o cultural. También es importante indicar los procesos de su creación: “Cómo se sabe o cómo se hizo y por qué” y por supuesto, su trascendencia, “en que nos beneficia o afecta este objeto hoy”. Estos tres planteamientos son básicos, mas Santacana, señala, además, una serie de pasos  a seguir para estructurar una exposición de objetos en forma didáctica, entre los cuales destaca:

·         El discurso museológico, que guía a la exposición, debe tener una introducción, un desarrollo y una conclusión, como todo estudio científico.
·         Se debe partir de lo conocido a lo desconocido.
·         La muestra de objetos debe ser variada, repetir aquellos que tienen el mismo sentido, forma o uso, puede fastidiar al usuario, así como no atiborrar las salas.
·         Los objetos deben acompañarse de su contexto en cuanto a su función material, procesos de elaboración o formación y los mensajes deben ser cortos y precisos, jerarquizados según su importancia. (El uso de recursos tales como infografías, fotografías o gráficos para ilustrar, son altamente recomendados)
·         Destacar los objetos por encima de la edificación y la decoración del área expositiva, mediante iluminación y preeminencia.

            Es necesario igualmente conocer los segmentos de usuarios que pueden interesarse por la exposición, no a todo el mundo  les va a llamar la atención una exposición de pintura religiosa, de fósiles, bonsáis, de pintura moderna u abstracta, o la artesanía. Desarrollar una exposición “para todo público” sin reconocer que los intereses de los grupos humanos son diversos, es un error en estos tiempos, ya lo han demostrado los estudios sobre el comportamiento y el cerebro humano. En este sentido el museo, como todo, se debe ajustar a este principio. En tal sentido la exposición debe plantearse considerando los segmentos de interés así como el re-plantearse el uso de réplicas junto a las originales que faciliten la manipulación de objetos a grupos de percepción táctil. Igualmente, ofrecer salidas a grupos de percepción, no solo visual, que es el principio que ha dominado al museo, sino auditiva para quienes, por ejemplo, no gusten o sepan leer e inclusive olfativa y gustativa, para esos grupos humanos específicos y por supuesto, según la muestra expositiva.

            Por último, una exposición didáctica no es completa si no se desarrollan actividades conexas tales como charlas, talleres, conferencias y otras afines, así como el editar material escrito para explicar, con más detalles, conceptos y procedimientos de los objetos expuestos que lo ameriten. Al considerar los elementos que se han expresado en el presente texto, es posible integrar a esas dos entidades, la escuela y el museo y sitios patrimoniales, al proceso de enseñanza aprendizaje para el reconocimiento y asentamiento de la memoria, de la identidad.


Referencia bibliográfica:

De Carli, Georgina (2003) Vigencia de la Nueva Museología en América Latina: conceptos y modelos. Instituto Latinoamericano de Museos. ILAM. Versión electrónica. www.ilam.org.

Santacana Mestre, Joan y Nùria Serrat Antoli. (Coordinadores) 2005. Museografia Didáctica. Editorial Ariel. Colección Ariel Patrimonio. 1ra. Edición. Barcelona. España.


Sheinner, Tereza (2001) Museología y el patrimonio intangible: la experiencia virtual Ponencia. XI Encuentro de ICOFOM – LAM. Montevideo. Uruguay. 

lunes, 11 de agosto de 2014

Un tema para compartir.... La corianissima arepa pelà
La arepa en brasas
 Las peladas, peladas… la coriana arepa pelá.
Licda. Ana María Montero N. Esp/MSc  - Fotografìas: Fernando Acosta.